Dónde compro libros de fotografía y arte


La relación que tenemos con las imágenes que vemos habitualmente es, normalmente, de consumo rápido. Es inmediata y fugaz, por eso me gustan tanto los libros de fotografía, me permiten mirarlo de una forma más pausada, pudiendo concentrarme en una sola foto tranquilamente, pasar a otra y volver cuando quiera.

Con el tiempo he entendido que mirar mejor no depende solo de disparar tu cámara (ya no hablo de calidad de la misma o de los objetivos que tengas). También está en observar el trabajo de fotógrafos, artistas y creadores, en ver cómo editan sus imágenes y en entender cómo se relacionan con la luz, con la oscuridad o con el encuadre.

Me apetecía escribir sobre algunos de los lugares donde suelo comprar este tipo de libros. Algunos llegan desde mi librería «de cabecera», otros pertenecen a fotógrafos que conozco, algunos aparecen en ofertas que no puedo dejar escapar y otros vienen directos de las tiendas de los museos.


Uno de los lugares a los que suelo recurrir es la librería Serendipia, en Ciudad Real. Me gusta la idea de comprar libros en una librería cercana, de poder mirar con calma, preguntar, descubrir títulos que quizá no habría buscado por mi cuenta y mantener ese contacto físico con los libros antes de decidir si se vienen conmigo o no. Hay algo muy distinto entre comprar un libro que has visto solo en una pantalla y comprar uno que has podido abrir, hojear y sostener entre las manos, incluso olerlo (uno de los mejores olores que hay). En una librería, el libro deja de ser una portada bonita o una ficha técnica con el número de páginas, peso… y se convierte en un objeto real.

Serendipia tiene además ese valor de las librerías que funcionan como espacios de descubrimiento y de cercanía. No se trata solo de entrar, comprar y salir. A veces voy con una idea concreta y otras veces simplemente miro, me dejo llevar. En mi caso, ha ocurrido incluso que alguna vez han visto algo que pensaban que podía gustarme y lo han traído para que pudiera verlo. Ese detalle, que puede parecer pequeño, cambia la experiencia de comprar un libro, ya es algo más personal, conocen tus intereses y se acuerdan de ti.


Hay libros que llegan a casa por una vía más cercana, no desde una gran editorial o desde la tienda de un museo, son libros de fotógrafos de aquí o vinculados a mi entorno.

Puedo poner como ejemplo a Pablo Lorente, Jesús Monroy o Manolo Toribio, fotógrafos que han estado presentes en distintos momentos de mi aprendizaje. Aquí el interés no viene solo hacia la publicación, viene de todo lo que hay alrededor, haber coincidido con ellos, conocer su forma de relacionarse con la imagen, su forma de trabajar y verlo reflejado en esas publicaciones.

Es una forma de mirar la fotografía desde una distancia menos lejana, con otra gran ventaja, puedes hablar directamente con ellos sin problemas.


Una editorial que suelo tener muy presente es Taschen, sobre todo cuando aparecen las ofertas. Sus libros de fotografía, arte, cine, diseño o arquitectura suelen ser muy reconocibles, tanto por el formato como por el cuidado de sus ediciones. Durante el año sus libros tienen precios elevados, pero en los periodos de descuentos es posible encontrar precios bastante más accesibles. Es una editorial que conviene vigilar de vez en cuando, especialmente si hay algún fotógrafo, movimiento o tema que te interesa desde hace tiempo.

Tienda Taschen en Madrid

En el caso de esta editorial, merece la pena esperar y aprovechar las ofertas para hacerse con títulos y formatos que saldrían carísimos de otra forma. Tengo mi lista preparada siempre por si alguno de los títulos guardados aparece en sus ofertas. Las rebajas permiten acceder a libros que yo no compraría en su precio normal.

Aunque no suelo encontrarlos con ofertas, otras editoriales que suman a mi colección son Blume, Lunwerg y La Fábrica, entre otras. Esta última, al igual que Taschen, con tienda física en Madrid. Tienen un catálogo tan amplio que cuando me intereso por un autor o por un tema es raro que no sea de una de ellas.


Después de ver una exposición, me gusta detenerme un poco más antes de salir. Suelo mirar los catálogos, las monografías y las publicaciones que a veces no encuentras en otros lugares. Son un recuerdo de la visita y una forma de prolongarla. Permiten volver con más calma a una exposición que quizá vi rodeada de gente, o con poco tiempo.

Además, las tiendas de los museos tienen ese punto de hallazgo inesperado que a veces no sucede en otros lugares. Recuerdo una vez en la tienda del Museo Thyssen-Bornemisza. Estaba dando una vuelta como siempre que voy, y de repente vi un libro del que me llamó la atención la portada. Eran fotografías de París de un autor que no conocía. El libro en cuestión era París City of Light de Christopher Thomas, y estaba súper rebajado. Ese tipo de hallazgos son los que hacen que estas tiendas no sean solo el último paso de una visita cultural.


No compro estos libros solo para tenerlos en una estantería, aunque hay que decir que es una de las mejores «decoraciones» que existen. Los compro porque me permiten volver a una exposición, descubrir fotógrafos que no conocía, revisar trabajos que me interesan o simplemente pasar un rato mirando imágenes sin la prisa de una pantalla. Llegan de maneras distintas, pero todos terminan formando parte de esa pequeña colección que voy haciendo, casi siempre sin demasiada planificación, a base de hallazgos, ofertas, recomendaciones y visitas a museos.

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