Hammershøi: El ojo que escucha


Hace unos días fui a ver la exposición dedicada a Vilhelm Hammershøi en el Museo Thyssen. Es curioso porque cuando vi la exposición anunciada no me llamó mucho la atención, vi el nombre, no me sonaba de nada y mi cabeza decidió que no merecía la pena. El anuncio siguió saliéndome en distintos sitios, gracias a eso empecé a fijarme algo más en las obras y de repente algo hizo que decidiera organizar un pequeño viaje a Madrid para poder visitarla.

Vilhelm Hammershøi fue un pintor danés de finales del siglo XIX y principios del XX, conocido sobre todo por sus obras de habitaciones casi vacías, luz suave y figuras de espaldas. La exposición se centra en estas salas pintadas (en apariencia) de forma sencilla, pero también muestra algunas escenas de la ciudad y retratos.

Llama la atención que en esa misma época en la que Hammershøi realizaba sus cuadros con esa paleta de colores tan reducida, llena de grises, blancos y tonos más bien apagados, Monet esté con sus nenúfares, Renoir con sus escenas llenas de gente, Degas con sus bailarinas…

La exposición reúne alrededor de 90 obras, son cuadros silenciosos frente al color, la luminosidad y las composiciones más elaboradas que se pueden ver en el resto de Europa. Esa contención en sus obras, donde cada elemento está colocado con precisión, me gustó especialmente, esa forma de trabajar con pocos colores, decoración sobria, sin artificios. Me transmitió paz, que parece algo raro pero disfrutar de esta exposición me relajó muchísimo.

En cuanto salí de verla, fui directa a la tienda del museo para comprar el catálogo de la exposición, una forma estupenda de poder volver a disfrutar de este pintor que yo desconocía. A ver si me relaja igual en casa al abrir el libro.

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