Highgate Cemetery. Caminar entre la belleza y la muerte en Londres


El Highgate Cetemery no parece una visita de esas que puedas pensar programar en tu súper viaje a Londres, pero os prometo que no os va a defraudar. En una ciudad llena de museos, mercados, arquitectura variada y calles conocidas, visitar Highgate es una forma de bajar el ritmo sin dejar de descubrir cosas. Es un lugar tranquilo, apartado del movimiento más evidente de Londres, pero al mismo tiempo lleno de historia, detalles, personajes, arquitectura y rincones en los que detenerse.

Se encuentra al norte de Londres, en el barrio de Highgate, junto a Waterlow Park. El recinto está dividido en dos partes, East Cemetery y West Cemetery, separadas por Swain’s Lane. Aunque ambas zonas forman parte del mismo conjunto, la experiencia puede ser bastante diferente. La parte este es más accesible y conocida por algunas de sus tumbas más visitadas, entre ellas la de Karl Marx, pero también por otros nombres muy distintos, como Malcolm McLaren, figura clave de la cultura punk y antiguo mánager de los Sex Pistols. La parte oeste concentra algunos de los espacios más monumentales del cementerio, como la Egyptian Avenue, el Circle of Lebanon o las catacumbas, por eso lo asociamos más al imaginario victoriano.


Highgate Cemetery abrió en 1839 como parte de una solución al grave problema de enterramientos que tenía Londres en el siglo XIX. La ciudad había crecido muy deprisa y los pequeños cementerios parroquiales del centro estaban saturados. Estaban normalmente situados junto a iglesias y rodeados por calles cada vez más pobladas. Se habían convertido en un problema sanitario y urbano. La muerte, que hasta entonces había permanecido muy integrada en el tejido de la ciudad, empezaba a necesitar otros lugares.

Para responder a esa situación se crearon grandes espacios funerarios en las afueras, conocidos hoy como los “Magnificent Seven”. Highgate fue uno de ellos y acabó convirtiéndose en uno de los más célebres. Su primera zona fue el actual West Cemetery que, con el tiempo se amplió hacia el este, al otro lado de Swain’s Lane.


El tour guiado permite acceder a zonas que no se ven con la entrada normal, como las catacumbas. Ya no estás simplemente caminando entre tumbas antiguas, estás entrando en una forma de entender la muerte, muy propia de la época victoriana. Estos espacios eran también lugares de representación social, arquitectura, memoria familiar y prestigio. Digamos que se nota hasta qué punto la muerte, según la clase social, podía convertirse también en una puesta en escena.

Las catacumbas del Highgate son las llamadas Terrace Catacombs. Están en la parte alta del West Cemetery y reciben ese nombre porque se construyeron en la zona de la antigua terraza ajardinada de Ashurst House, una mansión demolida en 1830. Son galerías de ladrillo, de más de setenta metros de longitud, iluminadas por aberturas circulares en el techo y con nichos o compartimentos a los lados.

Uno de los puntos más conocidos del West Cemetery es la Egyptian Avenue, una entrada monumental inspirada en el gusto victoriano por Egipto y por las arquitecturas asociadas al misterio, la eternidad y la muerte. Desde allí se llega al Circle of Lebanon, una estructura circular de tumbas y mausoleos construida alrededor de un antiguo cedro del Líbano. Es uno de esos rincones en los que la arquitectura funeraria deja de ser solamente un conjunto de sepulturas, es algo casi teatral. Cada puerta, cada arco, cada adorno forman parte de una idea común, construir memoria para resistir al paso del tiempo.

No es raro que un lugar así haya llamado la atención del cine. Highgate Cemetery ha aparecido en varias producciones, especialmente de terror británico, como Taste the Blood of DraculaTales from the Crypt o From Beyond the Grave. Más recientemente, el entorno del Circle of Lebanon también se utilizó en Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald, donde el cementerio londinense hizo de escenario para una parte del universo mágico.

En nuestro caso nos tocó un guía muy amable, un señor mayor que conocía muy bien el cementerio y que iba enlazando unas historias con otras mientras avanzábamos por los caminos del West Cemetery. El problema (para nosotros), fue que tenía un acento muy cerrado y hablaba bastante deprisa para nuestro nivel de inglés. Eso hizo que algunas explicaciones se nos escaparan, aunque la experiencia siguió mereciendo mucho la pena.

Os dejo aquí el enlace para que veáis las distintas entradas que hay, según la época os podéis encontrar incluso espectáculos o visitas especiales: entradas Highgate


Highgate está lleno de tumbas curiosas y de personajes con historias que merecen una pausa. Es interesante ir encontrando pequeñas biografías dispersas entre la vegetación, las esculturas, los mausoleos y los caminos.

En el Circle of Lebanon se encuentra enterrada Radclyffe Hall, escritora conocida sobre todo por The Well of Loneliness, publicada en 1928 y considerada una obra fundamental dentro de la historia de la literatura lésbica del siglo XX. Su presencia allí no llama la atención solo por su importancia literaria, sino también por la historia personal que hay detrás de su tumba. Hall descansa en la bóveda de Mabel Batten, cantante clásica  y su primer gran amor, una mujer mayor que ella y decisiva en su vida.

Batten y Hall se conocieron en 1907 y mantuvieron una relación hasta la muerte de Mabel en 1916. Fue ella quien empezó a llamarla “John”, nombre con el que Hall se identificó durante el resto de su vida. Hall se enamoró de Una Troubridge, prima de Mabel, lo que provocó una gran pelea. Poco después de ella Mabel Batten falleció. Se dice que el remordimiento de esa discusión la llenó de culpa, por ello pidió ser enterrada en su misma sepultura.

Otra mujer allí enterrada cuya historia me interesa especialmente es Elizabeth Siddal, modelo, artista y poeta asociada al círculo prerrafaelita. Su rostro quedó unido a algunas de las imágenes más conocidas del movimiento, entre ellas la Ophelia de John Everett Millais (uno de mis cuadros favoritos). Para posar como Ofelia, tuvo que estar vestida dentro de una bañera llena de agua, que se mantenía caliente mediante velas. En una de las sesiones de posado la velas se apagaron y Elizabeth, para no romper la concentración de Millais, siguió sin moverse dentro del agua cada vez más fría. A causa de ello enfermó gravemente, enfermedad que la acompañó durante su breve vida.

Normalmente su historia queda reducida a eso, a la de musa de un movimiento artístico. Pero reducirla a eso es quedarse en una versión muy pequeña de su vida. Siddal también dibujó, pintó y escribió poesía (aprendiendo a hacer todo esto de manera autodidacta). Su propio trabajo no quedó eclipsado solo por los artistas que la rodearon, también tuvo que ver su relación turbulenta con Dante Gabriel Rossetti (pintor, poeta y uno de los fundadores del movimiento prerrafaelita).

Su vida tiene algo de relato de la época, ya sabéis, drama, ambiente oscuro… Elizabeth Siddal murió en 1862, con solo 32 años, por una sobredosis de láudano, sin que quede del todo claro si fue accidental o no. Después fue enterrada en Highgate, dentro del conjunto funerario de la familia Rossetti. Dante Gabriel Rossetti, profundamente afectado por su muerte, colocó en su ataúd un cuaderno con manuscritos de sus propios poemas, como un gesto de duelo y renuncia. Pero resulta que, pasados siete años, se dio cuenta de que esas obras enterradas no iban a ser publicadas nunca, así que pidió un permiso para abrir la tumba y recuperarlas. Ni siquiera tuvo el valor de recogerlas él, mandó a sus amigos a hacerlo. La pobre Elizabeth no pudo estar tranquila ni estando muerta.

George Eliot, seudónimo de Mary Ann Evans (1819–1880), fue una de las grandes novelistas victorianas. Eran historias realistas centradas en la vida cotidiana, las relaciones familiares, la religión, el dinero, la reputación y las decisiones morales. Obras como Adam BedeThe Mill on the FlossSilas Marner o, sobre todo, Middlemarch, muestran comunidades enteras atravesadas por ambiciones, errores, renuncias y deseos que chocan con las normas sociales de su tiempo.

Su importancia está en mirar la vida aparentemente común. George Eliot no escribía historias de grandes gestos heroicos, sino novelas donde lo social y lo moral se mezclan continuamente. Su presencia en Highgate tiene algo especialmente significativo. Fue una escritora enormemente respetada, pero su propia vida tampoco encajó del todo en la moral victoriana: durante más de veinte años vivió con George Henry Lewes, que seguía casado legalmente con Agnes Jervis, aunque aquel matrimonio estaba roto desde hacía tiempo y Agnes mantenía una relación con otro hombre, con quien incluso tuvo hijos (siglo XIX, imaginad todo eso). Eliot y Lewes se consideraban marido y mujer, pero nunca pudieron casarse. A su muerte, esa relación irregular y su distancia con la religión pesaron más que su prestigio literario, por eso no fue enterrada en el rincón de los poetas en la Abadía de Westminster, sino en Highgate, junto a Lewes.

Una historia ejemplo del lado más teatral del Londres victoriano es la de Tom Sayers, boxeador de pelea a puño limpio y una auténtica celebridad en su época. Su fama creció después de su combate contra el estadounidense John C. Heenan en 1860, una pelea larguísima que se vivió casi como un duelo entre Inglaterra y Estados Unidos (terminó en empate). Sayers, más pequeño que muchos de sus rivales, acabó convertido en una especie de héroe popular por su resistencia y valentía. Murió en 1865. A su funeral fue muchísima gente. En su tumba hay una escultura a tamaño real de Lion, su perro.

Otra tumba que encaja muy bien con esa fascinación victoriana por los animales exóticos es la de George Wombwell, fundador de Wombwell’s Travelling Menagerie, una colección ambulante de animales salvajes que recorrió las ferias británicas durante el siglo XIX. Su sepultura, situada en el West Cemetery, está coronada por la escultura de un león dormido, Nero, uno de los animales de su colección.

En Highgate también está enterrado Michael Faraday, uno de los grandes científicos británicos del siglo XIX. Sus trabajos sobre electricidad, magnetismo y electroquímica fueron fundamentales, y su nombre está ligado a descubrimientos sin los que sería difícil entender buena parte del mundo moderno. Fue además una figura clave de la Royal Institution, donde trabajó durante décadas y desde donde ayudó también a divulgar la ciencia.

La lápida de Faraday recuerda que Highgate también guarda historias enormes en formas muy discretas.

Entre los nombres más recientes está George Michael, uno de mis cantantes favoritos. Su tumba en Highgate es muy sencilla y está junto a la de su madre y su hermana. Lo que llama la atencion de ella es eso, no es grande, no es ostentosa. Aunque aparece localizada en la guía del cementerio, la familia ha preferido que no se convierta en un lugar de homenaje público, para preservar un poco su intimidad.

Para mi y otras muchas personas, George Michael es una figura enorme de la música, pero allí no estás delante de un escenario, un disco o una biografía artística, sino ante una sepultura familiar. Highgate está lleno de nombres conocidos, pero no deja de ser un cementerio activo, un lugar de duelo y memoria.


Paseando por Highgate es complicado no fijarse en todos los elementos simbólicos que rodean a la muerte. Esculturas, cruces, relieves, adornos de piedra… No son siempre meros elementos decorativos. Pueden formar parte de un lenguaje simbólico que habla de duelo, de pérdida, pero también de memoria, de fe o de esperanza.

En la iconográfia funeraria cristiana los ángeles simbolizan figuras de transicion, protección y acompañamiento. No solo embellecen la tumba. Tanto los ángeles como las figuras femeninas sin alas pueden tener distinto significado. Cuando miran o señalan hacia arriba suelen representar la idea del alma subiendo al cielo, hacia abajo representan duelo y pérdida.

Las figuras femeninas sin alas, cuerpos inclinados o rostros cubiertos no siempre representan a una persona concreta. No explican la muerte, pero sí acompañan, al fallecido y a los que se quedan.

La paloma suele asociarse a la paz, pero en este caso suele funcionar como mensajera espiritual. Refuerza la idea de pureza, elevación y comunicación entre el mundo terrenal y el espiritual.

Podemos pensar que los libros y las biblias aparecen solo en tumbas de clérigos o que sean muy religiosas, pero el significado se puede ampliar. Un libro abierto puede sugerir una vida registrada, unos actos que quedan escritos o una memoria que todavía puede leerse. Un libro cerrado, en cambio, puede hablar de una historia concluida.

En un cementerio como Highgate, donde están enterrados escritores, artistas e intelectuales, este símbolo resulta especialmente interesante. No siempre indica que la persona tuviera relación con la literatura, pero sí conecta la tumba con una idea muy poderosa: la vida como relato, como registro o como memoria que alguien deja tras de sí.

La cruz es el símbolo cristiano más evidente. Después de la reforma en el siglo XVI, los grupos protestantes prefirieron otros símbolos, como los obeliscos. En el siglo XIX las cruces volvieron a aparecer en los cementerios.

El pelícano es uno de los símbolos que yo no conocía. En la tradición cristiana se convirtió en imagen del sacrificio, porque se creía que alimentaba a sus crías con su propia sangre. Aparece vinculado a la idea de entrega, redención y sacrificio de Cristo.


Lo interesante de Highgate es que no se percibe como un cementerio ordenado y frío, sino como un espacio donde la naturaleza ha terminado participando en la memoria del lugar. La vegetación no funciona solo como decoración, que es a lo que estamos habitualmente acostumbrados. Cubre, enmarca, oculta y transforma las tumbas. Hay inscripciones que casi desaparecen, esculturas que parecen salir de la sombra y caminos donde la humedad y el musgo hacen que todo parezca detenido. Esa mezcla entre ruina, jardín y arquitectura funeraria es una de las razones por las que resulta tan fotográfico.

Esa sensación de lugar vivo no está solo en la vegetación. Highgate también es refugio para fauna urbana, y entre sus habitantes más reconocibles están los zorros. No es extraño cruzarse con alguno entre los caminos. Es un detalle pequeño, pero ayuda a entender mejor el carácter del cementerio, un espacio de memoria donde la naturaleza sigue avanzando y ocupando su sitio.


No es un sitio que se pueda recorrer con prisa, o bueno, no se debería. Highgate necesita que uno se detenga en los detalles: una mano esculpida, una cruz inclinada, una inscripción casi borrada, una escultura cubierta por hojas. La belleza del cementerio no está solo en los nombres más famosos, también lo está en esa acumulación de presencias anónimas que forman parte del paisaje. Al final, muchas de las tumbas más discretas terminan resultando tan sugerentes como las más grandiosas, porque hablan de vidas que ya no conocemos pero que siguen ocupando un lugar físico en la ciudad.

Si algo me gustó de Highgate fue precisamente esa sensación de estar en un lugar donde la muerte no aparece como algo limpio, apartado o invisible, sino integrada en un paisaje lleno de materia. La piedra envejece, las raíces avanzan, las ramas caen sobre los caminos y el tiempo deja marcas que no se intentan borrar del todo. En una ciudad tan viva y tan rápida como Londres, entrar allí supone aceptar otro ritmo.


Para visitar Highgate Cemetery es recomendable consultar antes la web oficial, porque los horarios, entradas y condiciones pueden cambiar. Como referencia, el cementerio suele abrir todos los días, con horario más amplio de marzo a octubre y más reducido de noviembre a febrero. También conviene reservar con antelación si se quiere hacer la visita guiada, sobre todo en la parte oeste, porque es la forma más completa de acceder a algunos de sus espacios más interesantes y de entender mejor lo que se está viendo. En cualquier caso, merece la pena ir con calzado cómodo, algo de margen de tiempo y la idea clara de que no se trata de una visita rápida para tachar de una lista.


Highgate Cemetery no es una visita para todo el mundo, eso está claro. Eso hace también que gane atractivo. No ofrece la espectacularidad inmediata de un mirador ni la comodidad narrativa de un museo. Si te interesan la fotografía, la historia o la arquitectura victoriana, merece muchísimo la pena incluirlo en un viaje a Londres.

2 comentarios sobre “Highgate Cemetery. Caminar entre la belleza y la muerte en Londres

  • Me parece súper interesante todo lo relacionado con este cementerio, tan diferente de los que tenemos en España.
    Hace unos años en París, también visitamos un cementerio con personas ilustres y muy similar al que nos has enseñado. Una de las cosas más curiosas, es que del muro de piedra que rodea el cementerio, asoman caras…
    Ahí lo dejo por si en alguna ocasión vas por allí.

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