Robert Frank y Los americanos: del libro a la exposición

En 1955, Robert Frank (Zúrich, 1924) consiguió una beca de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation para recorrer Estados Unidos fotografiando escenas de la vida cotidiana, el american way of life.
Tenía 30 años y ya llevaba varios años viviendo y trabajando en Estados Unidos como fotógrafo, así que el proyecto no partía de cero ni de alguien que acabara de empezar. El viaje podría decirse que se hizo en dos etapas. En el primer año Frank recorrió el sur del país, desde Nueva York a California. Allí solicitó una prórroga de la beca para seguir viajando. Una vez aprobada, regreso al punto de partida recorriendo el norte.
Frank atravesó decenas de estados y realizó miles de imágenes que más tarde quedaron reducidas a una selección de ochenta y tres fotografías. Pensar en esa reducción la verdad es que impresiona bastante, cuando hay veces que con pocas ya es difícil elegir.
Contexto visual
Robert Frank tenía claro el punto de partida, quería coger el coche y recorrer Estados Unidos para vivir el sueño americano desde dentro. El resultado empezó a alejarse pronto de esa idea que se tenía desde fuera al ver las fotos publicadas en medios como, por ejemplo, la revista LIFE.
Me gusta mucho buscar información cuando tengo que ver algo o escribir sobre ello. Me pareció interesante detenerme en el contexto visual de aquellos años. Estados Unidos vivía todavía el impulso económico de la posguerra y una idea de crecimiento y prosperidad muy presente en los medios. Ahí encontré una de las primeras cosas llamativas del proyecto de Robert Frank: el momento en que se hicieron las fotografías.
En el mismo año en que empieza el viaje, el MOMA inaugura The Family of Man. Comisionada por Edward Steichen, la exposición mostraba fotos de distintos países. El concepto era dar a entender que, pese a las claras diferencias culturales que podían existir en la humanidad, al final nos unían las mismas alegrías, deseos y aspiraciones. Se buscaba un nexo global, mientras que Robert Frank encuentra aislamiento y desconexión.
Antes de empezar el viaje, Robert Frank había trabajado con publicaciones como Harper’s Bazaar (en 1947, nada más llegar a Nueva York), Life, Look o Vogue. Es decir, conocía de sobra el lenguaje visual que se buscaba en esos medios. Se construyen imágenes cuidadas, con un guión establecido, elegantes. Ejemplos perfectos podrían ser Irving Penn o Richard Avedon (que innovó al sacar a sus modelos a la calle). Frank no busca un encuadre perfecto, su imagen no queda resuelta.
Sabiendo todo lo que rodea en el tiempo a este proyecto, resulta interesante ver cómo el lenguaje de Los americanos se aleja de esa escena controlada, no explica directamente lo que está pasando.
El libro

Curiosamente, una de las obras más reconocidas e inseparable de la historia visual de Estados Unidos, no apareció primero allí.
Cuando Robert Frank volvió de su largo viaje de dos años, tras haber recorrido alrededor de 16000 kilómetros y realizar unas 27000 fotos con su Leica, el proyecto todavia estaba muy lejos de haber terminado. Durante aproximadamente un año y medio siguió trabajando en Nueva York revisando hojas de contacto, haciendo copias y descartando imágenes hasta reducir todo aquel material a las 83 fotos que formarían el libro. Lo voy a poner otra vez por si no lo habéis leído bien… De 27000 fotos a 83.
El orden del libro no tiene ninguna relación con la fecha ni con la ruta geográfica realizada. Tras una primera selección, positivó alrededor de mil copias de trabajo con las que convivió en su estudio. Fue moviéndolas y distribuyéndolas buscando un patrón visual hasta llegar a las fotografías que forman Los americanos. Buscando la información sobre este proyecto, me da la sensación de que el libro en sí no nació en la carretera, haciendo las fotos, sino durante la edición que siguió a ese viaje, que Frank construyó una secuencia propia ordenando su trabajo y ahí surgió el libro como lo conocemos.
La primera publicación se realizó en Francia en el año 1958, de la mano del editor Robert Delpire. Esta edición combinaba las fotos con textos de distintos autores como Simone de Beauvoir, William Faulkner o John Steinbeck. Un año después Grove Press sacó el libro en Estados Unidos, descartando los textos que acompañaban a las imágenes y abriendo la edición con un prólogo de Jack Kerouac. La recepción del libro no fue muy amable que digamos. La prensa especializada lo fusiló sin compasión, criticando todo lo que podía ser criticado: por la imagen que daba del país, por el estilo de hacer las fotos, por la composición o por la crudeza.
Muchas de las cosas que en un primer momento provocaron rechazo como la dureza de las imágenes, la visión poco idealizada del país o el aspecto visualmente imperfecto de las fotografías, fueron las que hicieron que una nueva generación de fotógrafos terminara viendo el libro con otros ojos.
La exposición
Llegué a la Fundación Telefónica unos minutos antes de las diez de la mañana. Siendo jueves y temprano (aún no habían abierto), fui la primera en entrar en cuanto abrieron la puerta. La exposición ocupa la cuarta planta, el recorrido comienza con una breve introducción donde se explica el proyecto. Un mapa con el recorrido realizado por Frank durante los años de la beca recibe a los visitantes.
Siempre me produce una sensación extraña, después de haber pasado tiempo leyendo sobre el libro, revisando fotografías, buscando información sobre el contexto de la época, encontrar todo eso convertido en un recorrido físico. El viaje vuelve a empezar pero ahora desde el lado del espectador.
Cómo cambia la cosa cuando te encuentras esas fotos delante de ti. Encontrarte con las copias colgadas, separadas, modifica la forma de acercarse al trabajo de Frank. En las paredes cada fotografía recupera su autonomía, adquieren más presencia cuando aparecen solas en la pared y te detienes de distinta forma que hojeando un libro. La iluminación está muy cuidada y permite observar con calma detalles, miradas fugaces, gestos y encuadres.
Me llevo de la exposición una comprensión más clara de por qué este libro terminó convirtiéndose en una obra tan importante. Muchas de las cosas que había estado leyendo durante los días anteriores empezaron a tener sentido delante de las fotografías. La beca, el viaje, las revistas de la época, las críticas que recibió el libro o el proceso de edición dejan de ser datos sueltos y empiezan a encajar entre sí. Al final, salí entendiendo mucho mejor el proyecto completo.